El Mercado de Santiago de Atitlán
Fue justo que los guatemaltecos pensaran que el Lago Atitlán debería ser incluido en la lista de las nuevas siete maravillas. El lago es de aguas transparentes y azules en cuyo espejo se reflejan los volcanes y las tierras que conforman el altiplano centroamericano, casa de cientos de comunidades indígenas. Es un lugar en donde lo que llamamos ¨desarrollo¨ intenta imponer sus reglas económicas y de orden social, pero que las tradiciones milenarias locales intentan rechazar.
Una niña de edad escolar me guía por entre las calles del poblado de Santiago de Atitlán, en donde voy en busca de Machimón, entidad espiritual representada por una figura de yeso de un metro de alto, con bigote y puro, y que escucha las oraciones de sus fieles que como ofrenda , prefieren darle cigarros y agua ardiente local.
Caminado caminando, atravesamos el mercado de sábado por la mañana. Hermoso lugar lleno de acontecimientos multicolores, olores y sonidos de voces. Me apasiona tanto movimiento e intercambio de bienes, enfados y sonrisas. Rápidamente capto una transacción entre vendedor y cliente. La Cliente quiere un jugo de frutas, pero el dinero que carga no es suficiente, la Vendedora le dice, ¨no importa, deme lo que tenga, el otro sábado me paga el resto y si no, cuando pueda¨. Así sin más, solo la confianza total de dos caras conocidas.
Así debería ser el libre comercio, sin regulaciones, sin dudas. Simplemente la gracia de proveer de un bien o servicio a alguien que conocemos, y ser recompensado por eso. Nada de diferente con lo que entendemos por comercio internacional – tan injusto a vece – pero lo que pasa es eso, que no nos conocemos.

agosto 26, 2009 a 6:48 am
Querido Mario,
ya estaba extrañando tus escritos, y las fotos!!! realmente me transportaste a esos mundos, ahora para mi tan lejanos en kms pero tan cercanos en el corazón.
besos desde la linda Moscú, Maria Luisa
agosto 27, 2009 a 4:04 am
Mariooooooooo!! cuánto tiempo sin estos escritos que siempre te llevan al lugar… y como me ha hecho pensar en el tiempo que hace que yo no viajo y que no escribo… tendré que ponerle remedio. Por cierto… hemos estado cerquita… pasate por El Salvador… tiene esa magia de lo chiquito, de la gente risueña y gentil
Un beso:
Montse