Man in the Mirror (nosotros mismos)

Publicado en Bitacora de viaje, Uncategorized el abril 22, 2011 por mariochcr

El cambio es necesario. Es constante. Es Natural.

Somos una especie en el universo, pero nuestro comportamiento esta haciendo que el sistema natural se vuelva insostenible- no quiero entrar en detalles, cada quien sabe lo que hace y todos sabemos lo que hacemos. No somos insensibles para no darnos cuenta de los desastres que causamos.

La persona en el espejo. El espejo enterrado.

Lo increible de la Naturaleza es que ella misma busca su propio balance. La miro como empuja todas sus fuerzas para corregir nuestros errores, provocar el cambio. Tratar de reducir las acciones de la ignorancia, avaricia y egoísmo de la especie humana. Nosotros mismo pedimos el cambio. Protestamos contra nosotros mismos. Nos escribimos libros. Nos cantamos canciones. Nos miramos en la películas. Nos gritamos que sí podemos.

Nosotros mismos estamos pidiéndonos a nosotros mismos el cambiar nuestras acciones para poder seguir viviendo en un este pequeño mundo. Inventamos la palabra amor.

Voy a empezar con la persona en el espejo. Le pediré que cambie, que si quiere hacer del planeta, de su vida una mejor, pues entonces será mejor que cambie.

Ya no somos tan jóvenes cómo antes. Ya la especie humana es suficientemente adulta para saber hacia dónde seguir.

La vida es corta. Les envío besos y abrazos.

(Dedicada a Michael Jackson y Jostin Chacon S.)

La Isla JK (terapatia contra la adicción)

Publicado en Notas a la familia, Uncategorized el octubre 4, 2010 por mariochcr

El episodio de Juan Carlos en la isla era bien interesante en lo que respecta al proceso de madurez de una persona, pero creo que lo más interesante fue que ahí logró desarrollar totalmente su habilidad para interpretar la vida cotidiana de manera tal, que hablar de lo cotidiano realmente se transformaba en hablar del cosmos y de la especie humana; con todo y sus preguntas sobre el qué diantres es la vida. Una mañana se levantó harto de tanta paranoia y se fue a casa de sus padres, le pidió comida, ropa limpia y unos pesos a su madre y le dijo que quería ser otro. Se acicaló lo mejor que pudo y se fue al pueblo a comprar un machete, algunas cuerdas de pescar, manteca vegetal, arroz y sal; se iba a la isla. Tomó el autobús de las dos de la tarde, viajó por dos horas y descendió en el poblado de El Pasito. Ahí tomó el camino que iba en dirección al mar, llegó a la boca del río y para su suerte, había un viejo pescador en un bote. El viejo muy amistoso lo pasó a la isla y le prometió una visita al día siguiente para ayudarle a buscar buenos puntos de pesca. Con la mochila al hombre y ya descalzo, inició una caminata de cuarenta minutos por la arena aun caliente. La marea era alta y miles de olas gigantescas se lanzaban contra la playa. Mientras caminaba hacia donde sería su hogar por los siguientes tres meses, un sol rojo iba cayendo allá en la distancia, a millones de kilómetros detrás del océano pacífico; y para allá quería ir él también.

Una vez que el sol se ocultó, Juan Carlos penetró por entre una plantación de cocoteros enanos, y rápido pudo ubicar el rancho que una amiga le había asegurado encontraría allí. El rancho constaba de una sola pieza de paredes de tablones de madera y techo de láminas de zinc oxidado, en donde solo había una cama con una colchoneta vieja, un fogón y unos cuantos trastes para cocinar y ayudarse a comer. Acomodó las pocas cosas que traía y se fue al estero a pescar. La isla medía unos cinco kilómetros de largo y un kilómetro de ancho, por uno de sus lados era azotada por el océano pacífico y por el otro lado era acaricia por el estero y sus manglares. Era una isla muy nueva y simple, compuesta totalmente de arena de mar y en donde crecía una hierba amarilla que llegaba a medir poco más de un metro. Estaba desprovista totalmente de árboles, a excepción de los cocoteros y de algunos cuantos arbustos que daban una sombra suave y fresca.

El final de la tarde era multicolor y cálido, faltaba poco para que las estrellas se dejaran ver e iniciarán con esto, la noche del cosmos en este lado del trópico. Al llegar a la orilla del estero, puso en el anzuelo un caracol para usarlo de carnada y lanzó la cuerda al agua. Esperó un tiempo bastante corto y pescó un pargo de tamaño mediano, lo escamó, lo destripó y volvió al rancho. De camino cortó unas hojas de plátano trayéndose consigo un racimo de frutos, apeo cuatro cocos, se tomó uno en el acto y regresó con los tres restantes. Saló el pescado, lo envolvió en las hojas de plátano y lo puso a las brasas. Se echó en la cama un rato y se quedó observando como terminaba de oscurecer. Una vez relajado, la vida que estaba decidiendo dejar se le venía encima en forma de recuerdos y sobre todo con las malditas ganas de fumarse una piedra de crack. Sabía que aislándose por unas semanas del puerto, podría desintoxicarse un poco y alejarse de los demás drogadictos de la calle, especialmente de I., su novia.

Buenas fotos del pasado, pero las del futuro son mejores.

Publicado en Uncategorized el septiembre 22, 2010 por mariochcr

Luego de un corto tiempo de ausencia, pues fueron solo dos años y pico, y si veinte años son nada, entonces dos años son nadita, regreso a la tierra que me vio nacer y crecer. Vuelvo con todo el entusiasmo de aportar a que sea un país mejor, aunque tengo las ganas de quedarme un tiempo corto. Realmente me gusta dejar las puertas y las ventanas abiertas, así puedo escapar en cualquier cuando sea el momento.
Para celebrar el regreso me he ido de viaje. Me vine en busca de tierras tranquilas y en donde la ciudad no moleste tanto. Detengo el auto durante el viaje para almorzar. Entró a un restaurante de carretera, donde la comida casera a las brasas llama la atención de mi estómago. Me siento, pido cerveza y algo ligero del menú. Miro alrededor, y veo que las paredes del rústico y acogedor lugar, cuelgan decenas de fotografías prueba irrefutable de que, en algunos casos, el pasado fue mejor. Le comenté a un señor de edad avanzada que estaba al lado de mi mesa sobre si él creía que el pasado era mejor, a lo cual el hombre contestó, Pues, en términos general, sí. Antes todo era mejor, había más valores de respeto y de comunidad entre las personas, sin embargo se carecía de las cosas que se tienen ahora, como los teléfonos y la televisión. En una esquina del restaurante, veía a una pareja que se enamoraba, y en la mesa del balcón a un grupo de amigos que hacía notar que realmente estaban degustando de su almuerzo. Yo seguía mirando las fotos de lo que otrora fuera Costa Rica. Debo admitir que añoré aquellos tiempos, a pesar de que nunca había estado ahí. Terminé mi almuerzo y salí del lugar pensando, Bueno, sí, quizás antes era mejor que ahora, pero prefiero estar donde estoy hoy. No pude evitar que una sonrisa trocara mi boca, mientras iba pensando que el gran chance que tengo ahora de tomarle fotos a mi futuro, para poder guindarlas más tarde en las paredes de mi pasado. Mi teléfono celular timbró, era Mary que me llamaba para preguntar si todo iba bien.

Los visitantes (Kivu del Norte, RDC)

Publicado en Bitacora de viaje el septiembre 23, 2009 por mariochcr

Mira mira, ¿quiénes serán todas estas personas con pieles tan claras?, ¿a qué vendrán?.No sé no sé, pero mira que altos son y que ropas tan bonitas traen; Mira sus zapatos, con esos zapatos podría irme con mi papá a ver a los gorilas; Cierto, cierto, pero son muy grandes, de seguro que no te quedarán; A lo mejor me los regalan; Mira mira, se van a la universidad, seguro son profesores, vamos a ver que van a hacer. Mama, vamos a la universidad. Adiós.

Miíra, ahí están todos los estudiantes, el director de la universidad y los Mwami*. Sí, ahí está el Mwami de Butembo. Parece que esto es importante, si están ahí tantos Mwami,juntos, es porque de verdad es importante.

Mira, aquel hombre de cara roja y pelo amarillo va a hablar; Ah! pero habla en inglés, no entiendo nada; ah! ya está hablando en francés, escuchemos.

¨El clima del mundo está cambiando. Sí, el clima del mundo siempre ha cambiado de manera natural, pero está vez parece estar cambiando debido a las actividades de los humanos, entre ellas, las fábricas, los autos y la quema de árboles. Todas estas actividades pueden causar cambios en el clima. Si el clima cambia, entonces muchas cosas de nuestra vida diaria cambiará.n Habrá grandes catástrofes naturales, escases de agua, sequías, hambrunas y aumento de enfermedades¨

Escuchaste, dijo que el clima cambia porque quemamos árboles, entonces ¿cuándo quemamos un pedazo de leña para cocinar estamos cambiando el clima? No sé, eso fue lo que él dijo. Pero no entiendo algo, él dijo que si el clima cambia muy rápido, vamos a tener problemas de salud, de agua y de hambre, pero así es como vivimos aquí en las montañas todos los días. Si verdad, que aburrido, vámonos a jugar futbol; Sí vamos; Vamos.

San Telmo, Buenos Aires, Sep. 23.2009

*http://es.wikipedia.org/wiki/Mwami
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Dedicada a los niños de la República Democrática del Congo

Los humanos somos todos iguales (¿cómo se rompe el hechizo?)

Publicado en Bitacora de viaje el septiembre 7, 2009 por mariochcr

En el año 1822, la Sociedad Americana de Colonización escogió un rincón de la barriga de la costa atlántica del África para enviar de vuelta a una serie de esclavos liberados de los Estados Unidos. Los recién llegados a aquella porción del África se asentaron en el litoral y dieron en llamarse así mismos, Americanos. Al inicio la relación entre los ex-clavos y los nativos no fue muy buena, dado que los primeros aprendieron muy bien de su experiencia y abusaron de los segundos llegando hasta el punto de la esclavitud. Negros haciendo esclavos a los negros.

En 1847, Liberia, como se le llamó a aquel lugar, adquiría su independencia e iniciaría su historia como tal. Durante los siguientes casi ciento cincuenta años, el poder político y económico estaría a cargo de la élite américo-liberiana, hasta que en 1980, un militar logró entrar al poder por la fuerza mediante un golpe de estado y gobernar de manera autoritaria por varios años. Se inicia así una época de dos décadas de violencia e intervención extranjera, que culminó con dos guerras civiles. La último terminó en el 2003; murieron doscientas mil personas y el país quedó destruido.

Entonces, yo opino que nada tiene que ver el color de la piel, o el lenguaje con el que nos comuniquemos o el tipo de dios que nos lidere con los deseos materiales del hombre,  la solidaridad dentro de las ansias de ¨tener¨ no existe. Los seres humanos somos todos iguales. Seguiremos matándonos y causándonos dolor unos a los otros hasta que se rompa el hechizo, o hasta que se dé la mutación de ese gen egoísta, como dicen otros.

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Hoy, miles de profesionales extranjeros trabajan por el desarrollo de Liberia. Ofrecen la opción de ser ricos todas las semanas si compran teléfonos celulares, pero comentan nada sobre lo rico que seremos si se mejora y se brinda un sistema de educación gratis a sus pobladores.

El Regreso

Publicado en Bitacora de viaje el agosto 26, 2009 por mariochcr

Hola a tod@s:

Luego de un tiempo sin musas inspiradoras ni tiempo para la reflexión, he vuelto a encontrar la luz de escritor “on line”, la culpa la tuvo Alfredo Bryce Echenique.

Sigo entonces con mi labor de sacarlos de esas aburridas oficinas.

Saludos,

Mariochcr

El Mercado de Santiago de Atitlán

Publicado en Bitacora de viaje el agosto 26, 2009 por mariochcr

Fue justo que los guatemaltecos pensaran que el Lago Atitlán debería ser incluido en la lista de las nuevas siete maravillas. El lago es de aguas transparentes y azules en cuyo espejo se reflejan los volcanes y las tierras que conforman el altiplano centroamericano, casa de cientos de comunidades indígenas. Es un lugar en donde lo que llamamos ¨desarrollo¨ intenta imponer sus reglas económicas y de orden social, pero que las tradiciones milenarias locales intentan rechazar.

Una niña de edad escolar me guía por entre las calles del poblado de Santiago de Atitlán, en donde voy en busca de Machimón, entidad espiritual representada por una figura de yeso de un metro de alto, con bigote y puro, y que escucha las oraciones de sus fieles que como ofrenda , prefieren darle cigarros y agua ardiente local.

Caminado caminando, atravesamos el mercado de sábado por la mañana. Hermoso lugar lleno de acontecimientos multicolores, olores y sonidos de voces. Me apasiona tanto movimiento e intercambio de bienes, enfados y sonrisas. Rápidamente capto una transacción entre vendedor y cliente. La Cliente quiere un jugo de frutas, pero el dinero que carga no es suficiente, la Vendedora le dice, ¨no importa, deme lo que tenga, el otro sábado me paga el resto y si no, cuando pueda¨. Así sin más, solo la confianza total de dos caras conocidas.

Así debería ser el libre comercio, sin regulaciones, sin dudas. Simplemente la gracia de proveer de un bien o servicio a alguien que conocemos, y ser recompensado por eso. Nada de diferente con lo que entendemos por comercio internacional – tan injusto a vece – pero  lo que pasa es eso, que no nos conocemos.

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Pequeño recuerdo de un tiempo de guerra (el Perú no hace muchos años)

Publicado en Bitacora de viaje el diciembre 29, 2008 por mariochcr

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Rentamos un carro de los años ochenta, para que nos llevara a Maria Valladares, a Olaf y a mí, a visitar unas lagunas que quedaban a poco más de una hora de la ciudad de Tarapoto, provincia de San Martín. Nuestro chofer era un hombre que rondaba ya los sesenta años y que para suerte mía resultó ser conversador. Con todo gusto nuestro Chofer fue respondiendo a todas nuestras preguntas que iban orientadas a entender problemas ambientales y agrarios de la zona que visitábamos. Las respuestas que recibimos no eran para distintas a la situación de los pobladores de las zonas rurales de los países en vías de desarrollo.

A medio camino, nos desviamos de la carretera principal para tomar un camino de grava que serpenteaba por una cadena montañosa y que nos llevaría hasta un mirador desde donde se divisaba un valle por donde se paseaba sereno un río.

Desde el mirador, el Chofer nos relató algunas historias de su infancia y sobre como nunca logró entender, como en un área amazónica y tranquila como aquella, llegó no hace mucho tiempo atrás, a sufrir el terror de estar en medio de una guerra que no era de ellos. ¨En esa época, no se podía ni siquiera hablar de la situación con tu vecino de al lado o con el panadero, muchos menos podías decir si estaban de un bando o del otro, no por que simplemente corrías el riesgo de que te mataran. Te podía matar la guerrilla, te podía matar el ejército o te podía matar cualquiera. Nosotros no queríamos la guerra, pero la guerra llegó a nosotros¨. El Chofer nos señaló con el brazo extendido hacia cierto punto al otro lado del río, diciéndonos que en una de esas hondonadas de imposible acceso, solía venir un helicóptero militar que dejaba caer bultos blancos para borrarlos de la historia.

Ojalá ustedes nunca sepan lo que es una guerra, fue lo último que nos dijo el Chofer y ya no quiso recordar más aquellos tiempos de guerra.

Africa

Publicado en Bitacora de viaje el diciembre 29, 2008 por mariochcr

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Siempre quise conocer el África y la primera oportunidad se me presentó viajando a la isla de Madagascar, pero esa no cuenta, por que Madagascar no es África, según dice la gente. Sin embargo, mi corto paso por Madagascar me dejo grandes enseñanzas (alunas anécdotas de este viaje ya las he relatado antes). Finalmente pisé el continente africano en la ciudad de Marrakech en donde asistí para impartir un curso sobre temas relacionados al cambio climático. Allí me reuní con representantes indígenas de diecisiete países de todo el continente africano.

(Realmente no sé por que he tenido semejante privilegio de ser bendecido por el universo y el destino, llevándome a conocer a gente tan maravillosa y tan llena de espíritu y religión con la naturaleza. Gente tan llena de respeto por la vida y tan bien conectada a esa magia cósmica que ya muchos de nosotros hemos perdido).

Con humildad, recibí abrazos, besos y sonrisas de gentes con historias tan variadas como las del mundo árabe y musulmán, de Ruanda, de Malí, de Camerún, de República Democrática del Congo, de Kenia y de muchos otros. Cada apretón de manos me transmitía un dolor inmenso por el pasado reciente y a la vez un odio profundo por lo que las potencias militares mundiales hicieron y siguen haciendo en los países en desarrollo de todo el mundo. Sin embargo, ese odio y dolor, se convertía pronto en sonrisa y esperanza cada vez que intercambiaba miradas de amistad con la gente del África, miradas que me miraban como a un hombre blanco al cual le decían, te perdonamos, pero déjennos ser felices, ya el mundo esta bastante maduro como para seguir pensando que la felicidad es tener el poder por medio de los bienes de los otros y haciendo uso de la violencia.

El momento de positivismo total y universal, fue sin duda la noche en que nos reunimos algunos en el bar del hotel en Marrakech. Peter el Mago encontró una guitarra y el continente africano entero me empujó al frente para que les cantara algo de Costa Rica. Les canté Morir Lloviendo, una canción de un autor desconocido y luego Maria la keniana me pidió que la acompañara a cantar Malaika. La gente rápido empezó a bailar y cantar.

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Gracias África por recordarme que la humildad es el camino; gracias por iluminar las oscuridades de mi corazón y por ayudarme a lidiar con mi odio, ese odio que tanto mal me hace y que no me ayuda en nada.

Bueno, ya saben, cada uno a su manera, pero sigamos en la lucha!

ah! un saludo a los cubanos, como siempre!

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Qué Marillo?

Publicado en Notas a la familia el octubre 3, 2008 por mariochcr

Qué Marillo, aquí en Osa todos estamos bien.

Como decís vos, hace rato que no mandabas nada. Me preguntaba ¿qué le habrá pasado a este mae que no volvió a escribir?.

UN ABRAZO PARA VOS.

Madagascar (Madagasikara)

Publicado en Bitacora de viaje el septiembre 29, 2008 por mariochcr

Luego de más de dos meses sin publicaciones en el blog, me decido a agregar algo nuevo.

A finales de agosto e inicios de setiembre, se nos encomendó la tarea, a mí a un grupo de técnicos, de viajar a la isla de Madagascar para evaluar una serie de proyectos relacionados con conservación de biodiversidad, desarrollo comunitario y mitigación al cambio climático. Tarea fácil de entender cuando esta escrito en el papel, pero complicado de entender cuando se esta allá, en la tierra, en donde las cosas reales suceden y donde todo se complica. No voy a hacerles peder tiempo haciéndoles leer sobre los resultados de la evaluación, pero si quiero compartir con ustedes algunas fotos y un par de historias. En otra, ocasión, les comentaré un poco más del viaje, espero las disfruten.

Vary (arroz)

Publicado en Bitacora de viaje el septiembre 29, 2008 por mariochcr

Mis Madre me enseñó a preparar arroz cuando yo recién tenía 10 años. El arroz que más me gusta en todo el mundo, es el arroz blanco que prepara mi Padre; bañado en aceite y condimentado con cebolla y sal.

Me encantan los campos de arroz y más me encanta aún, cuando miro gente caminando entre los cultivos y se mira en el agua. Me gusta mucho también cuando la gente venera este alimento como un regalo de los dioses para poder seguir en esta vida, por mas dura que la vida sea con uno.

Bendito sea el arroz y bendita la gente de Madagascar.

Dibujos en la tierra (casas de barro)

Publicado en Bitacora de viaje el septiembre 29, 2008 por mariochcr

Nuestro amigo Andriambolantsoa Rasolohery, a quien todos llamamos Hery, nos invitó a visitar el Palacio Real de Rova Ambohimanga. El palacio es patrimonio universal y es un recordatorio de las épocas en que la gente de Madagascar negociaba más o menos bien con los ingleses; años antes de que los franceses llegaran a hacer de las suyas y, como ustedes se imaginaran, llevaran al país a la común situación de los países en desarrollo, eso que en tiempo modernos llamamos, una situación de pobreza.

El templo se ubica en un cerro, desde donde se logra divisar a lo lejos, Antananarivo (la capital) y por doquier se pueden observar poblados y paisajes agrícolas. A primera vista, lo que se observa es solo casas y tierra, pero con detenimiento, se nota que la gente de Madagascar gusta de hacer arte del trabajo con la tierra y empiezan a aparecer hermosos juegos geométricos, de colores y de armonía.

Entonces, el barro, el agua, el ingenio humano y la naturaleza, hacen contacto y se fusionan en cotidianidad, en espiritualidad. Eso es lo que sentí cuando miraba los dibujos en la tierra y las casas de barro.

La ciudad se esta quemando

Publicado en Bitacora de viaje el septiembre 29, 2008 por mariochcr

La ciudad se esta quemando!, fue la primera impresión que tuve al ver la ciudad de Antananarivo por primera vez. Había humo por todas partes y la multitud de gentes y autos parecían moverse en estado de pánico. Pero no era eso. Según datos de la calle, alrededor de un 80% de la población que vive en la capital (4 millones) utilizan carbón para cocinar; ¿por qué?, por que la energía eléctrica es muy cara y lo más importante es comer.

Producir carbón, tiene dos consecuencias: primero, problemas ambientales por deforestación y el empeoramiento del cambio climático; segundo, se resuelve un problema económico básico en familias que no tiene otras opciones, se puede comer.

Casas como ladrillos (La Ciudad Tana)

Publicado en Bitacora de viaje el septiembre 29, 2008 por mariochcr

Del barro y del agua, de la leña y de la astucia, nacen los ladrillos. Con esto se da sustento a la familia, se construyen casas y carreteras y se edifican ciudades. Para los que dicen que luego tanto colonialismo, algo bueno debe de aparecer entre tanta injusticia y sufrimiento, un ejemplo de eso es la ciudad de Antananarivo. Influenciada por arquitectura inglesa y francesa y agregándole el toque único de la gente de la isla, nace la ciudad. Una casa sobre la otra, como ladrillos.

Tres leyendas (Lemures)

Publicado en Bitacora de viaje el septiembre 29, 2008 por mariochcr

Se cuenta que hace muchos años,una familia que vivía en el bosque tuvo muchos muchos hijos e hijas. Algunos se dedicaron a talar el bosque y producir arroz, otros se dedicaron a recolectar frutas y medicinas del bosque y se convirtieron en parte el. Se dicen que son esos a los que la gente llama lemures.

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El Niño entró al bosque específicamente en busca de algún panal lleno de miel. Subió a un árbol donde encontró su tesoro. Al tener sus manos ocupadas sosteniendo tan valioso alimento, tuvo complicaciones para bajar; por suerte, un Lemur que pasaba por ahí, lo ayudó con su agilidad sobre humana y lo hizo regresar a tierra sano y salvo. Una vez el Niño en tierra y el Lemur en la cúspide de árbol, este último preguntó, ¿será que tu y yo somos hermanos?

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En tiempos en que los primero europeos llegaron a Madagasikara, no entendían que eran aquellos sonidos extraños que se escuchaban por la tardes y muy temprano en las mañanas, cuando el sol aun no salía. Algunos lograron ver a algunos de aquellos seres extrañó que emitían sonidos y que se columpiaban de un lugar a otros. Como no pudieron explicarse que eran estos seres, simplemente los llamaron Los Fantasmas.

Paisajes de arroz (La isla de Bali I)

Publicado en Bitacora de viaje el julio 20, 2008 por mariochcr

Poco después de las cuatro de la tarde, el viejo Arif se fue al arrozal, no era suyo, pero debía trabajar en el. Penetró en el campo de arroz y caminó despacio y pisó con cuidado, no quería estropear las jóvenes plantas de aquel preciado cereal. Se fue hacia la pequeña casucha donde se guardan las herramientas y aunque no necesitaba instrumento alguno ese día, era el deber presentarse allí. Tomó un poco de agua y seguido inició su faena. Arqueo su dorso y con sus manos empezó a eliminar las hierbas no deseadas que interrumpían el buen crecimiento del arroz. Mientras trabajaba, Arif meditaba. Meditar hacía que su cuerpo fuera liviano y volvía su vida más espiritual.

Al rato, un auto se detuvo en el camino asfaltado que colindaba con el arroz; se bajaron dos turistas con cámaras fotográficas que apuntaban hacia Arif. Estuvieron tomando fotos por unos minutos; luego miraron con detenimiento un letrero que colgaba de un árbol y en el cual se leía Land for sale, with rice field view. Los turistas retornaron al auto y partieron mirando através de las ventanas, a aquel hombre que desyerbaba el campo de arroz.

Arif siguió en su labor de meditación y cuidado del arroz, riéndose para si mismo al pensar que de seguro pronto aparecería en postales de viajero como un souvenir más, justo ese día en que vestía su pantalón roto. Siguió Arif con su buen humor y con su meditación que lo llevaba al camino de la humildad, esa humildad que lo hacia cuidar del cultivo del arroz; alimento preciado y domesticado por milenios y que dentro de algunas semanas, ya luego de la cosecha, seria empacado con los más rigurosos estándares de calidad para ser exportado a Estados Unidos y Europa. Justo en estas épocas de crisis alimentaria.

Julio 20, 2008. Washington, DC.

Gentes de las islas (La isla de Bali II)

Publicado en Bitacora de viaje el julio 20, 2008 por mariochcr

Si de dioses se trata, me gustan más los dioses de los trópicos, y quizás mas aun, los dioses de las gentes de las islas. Generalmente estos dioses hacen referencia al sol, a la luna, al mar o a los animales; todo esos ellos seres de la naturaleza. Busquen historias y leyendas religiosas antiguas, todas ellas balancean la necesidad del bien y el mal, aunque el bien siempre sale ganando. Todas esas historias rebosan de espíritu, de la búsqueda de la humildad, del amor y de un mundo mejor. En algunas otras historias existen semidioses o seres maravillosos con poderes sobrenaturales más poderosos y espectaculares y sin fines de lucro que los que poseen Superman o Batman; quizás Elpidio Valdes sea el mas parecido en poderes, pero debe ser solo por que Elpidio Valdes también vive en una Isla.

Me gustan los dioses de las islas por que son menos humanos, no tienen cuerpo humano y no buscan problemas militares con otros países y mucho menos regir el mercado mundial o controlar la población.

La verdad me gusta aun más la gente de las islas, que construyen templos hermosos enfrente de mar para brindarle tributo al sol a todas horas del día, especialmente por las tarde, que de hecho el momento del día que más me gusta.

Washington, DC. 20 de Julio 2008

Shakori Hills II

Publicado en Bitacora de viaje el julio 3, 2008 por mariochcr

Para cuando llegué a la aldea, hacía ya varios días que un grupo de trabajadores voluntarios habían trazado el orden del poblado que se terminaría de edificar antes del anochecer de ese jueves de abril. Establecí mi choza al borde del bosque, dispuse mi silla portátil y descorché una cerveza Blue Moon para armonizar el momento. Saludé a la Familia del Contrabajo que acampaba justo al lado mío. Entonamos conversación y me preguntaron si era un nuevo visitante pero los dije que realmente era mi segunda vez en el ritual anual de la música antigua. Hablamos largo rato sobre instrumentos musicales y madera mientras mirábamos a la gente de distintas procedencias pasearse por el sendero que llevaba hasta la comunidad del old time.

A eso de las ocho de la noche, atravesé el bosque de pinos y robles y me fui a encontrar con mi compañera que traía bolsas de pan, queso y botellas de vino. Regresamos a la choza mientras la gran luna llena de abril iluminaba los bosques de Carolina del Norte. Luego de una rápida cena, nos fuimos a recorrer el poblado y a disfrutar de la música y de los bailes que se podían encontrar por doquier. Pasada la media noche nos fuimos a visitar a la comunidad del old time, donde nos encontraríamos con nuestros amigos y jóvenes aprendices. Banjos, mandolinas, guitarras, contrabajos e instrumentos extraños se juntaban y se mezclaban entre los músicos. Los instrumentos tenían vida propia y parecían seres mágicos alumbrados por la luz de la hoguera central. Se podía percibir como el espíritu de todo aquello era el resultado de una mezcla entre europeos, africanos y nativos americanos. Todos unidos por el lenguaje universal de la música.

Los restantes días del fin de semana, la vida siguió tan utópica como muchos quisiéramos que fuera: sin guerras, sin lucro, sin diferencias ni documentos de identidad. La sencillez del espíritu humano que no se olvida que somos parte de la naturaleza, no los dueños de ella.

Gracias, ya van más de 5000

Publicado en Notas a los amigos el abril 17, 2008 por mariochcr

Hola a todo el mundo por allá,

Solo quiero escribirles para agradecerles todas sus visitas al blog.

Ya van más de cinco mil visitas, de las cuales espero la mayoría hayan sido para leer algunas de las historias y comentarios, que no haya sido solo para ver en qué anda el Mario. Esto me da más impulso para seguir escribiendo, aunque me gustaría mucho que ustedes también compartieran sus escritos conmigo, yo sé que muchos de ustedes tiene borradores por ahí guardados. Envíenlod!

Abrazos y seguimos en contacto!

Mario

Historia de río (la piedra)

Publicado en Uncategorized el abril 14, 2008 por mariochcr

Eran las tres y media en la madrugada y la noche estrellada era cubierta de cuando en cuando por cúmulos de nubes que el viento empujaba de manera suave y acompasada. La corriente del río sonaba realmente acogedora e invitaba a pensar, aunque la pestilencia de tanta contaminación arruinaba el rato de sentirse en lo prístino. Sintió un poco de paranoia y se fue a deambular por las calles a buscar gente, aunque a esa hora era difícil encontrarse con alguien. Camino sin rumbo acompañado de Pulga, su perra y fiel amiga en el desvelo. Al poco rato de andar, escuchó acercarse un auto y se alegró al ver que era el vecino, aquel que no tenía cochera y que cuando no tenía donde guardar el carro, no le quedaba alternativa que dejarlo aparcado en la calle, afuera de su casa. Se acercó tímido y saludo con un buenos días. El vecino, que ya conocía al personaje, metió su mano en la bolsa, le obsequió algunas monedas y le dijo que por favor le echará un ojito al carro, al menos hasta que amaneciera. Felices ambos, humano y animal se fueron de nuevo al río, lo cruzaron saltando de piedra en piedra y se fueron a buscar al doctor de la noche. Con las monedas le compraron una piedra de crack y el doctor le regaló un pedazo de pan duró a Pulga. Los dos regresaron al río, se acostaron mirando al cielo, como estaban antes, y se prepararon para el ritual de su vida. Sin dejar de pensar en cómo y cuándo lograrían salir de las tinieblas del adictismo.

Foto: prestada de http://mapadecarreteras.blogspot.com/

Los personajes de la foto, no tienen nada que ver con esta historia.

Historia de barrio (encuentro salvavidas)

Publicado en Notas a los amigos el abril 14, 2008 por mariochcr

Cuando abrió los ojos, hacía ya rato que un coro de automóviles hacía sonar su cántico diario, allá, afuera en la calle. Que hermoso día pensó. Tambaleándose se dirigió al baño, abrió la ducha y dejó que el agua la fuera despertando poco a poco. Mientras el agua tibia iba relajando su cuerpo, pensó en el fantástico momento vivido la noche anterior. Alguien a quién recién conocía, le hizo una invitación a ver a José Capmany que esa noche tocaba en algún bar de los barrios del sur. Pasaron la noche charlando sobre temas variados mientras al fondo, José y su guitarra, eran el país entero tratando de hacerse sentir. Sin darse cuenta, la joven pareja se había enamorado.

Luego del baño y el desayuno, salió a la calle en busca de su autobús y observó las gentes de siempre. Las señoras y sus niños rumbo a la escuela; los jóvenes estudiantes, rumbo al colegio unos y a la universidad los otros; prestó atención a todos los hombres y a todas las mujeres rumbo al trabajo; miró al repartidor del pan, a los taxistas, a los drogadictos. Los repasó a todos. Eran las mismas personas de siempre, pero esta vez lucían hermosas, lucían radiantes. Pensó en las guerras al otro lado del mundo y aunque sintió un dolor tremendo en su corazón, sonrió al pensar en lo afortunada que era por vivir una vida como la que estaba llevando. Y pensar que dos días antes se quería morir de la frustración de saber que algunos de sus sueños nunca se harían realidad.

Hoy era un día extraordinario y lo quería vivir como nunca antes había vivido un solo momento en su vida, todo gracias al amor de alguien nuevo que sacudió su espíritu y le hizo recordar que la vida sigue siendo como la ven los niños chiquitos, con colores y aventuras todos los días. Mundos pequeños!

Dedicada a José Capmany

Mis metamorfosis

Publicado en Notas el marzo 25, 2008 por mariochcr

Cuando conté la idea de llamar a este pequeño relato La Metamorfosis, alguien por ahí me hizo saber que por ese título me iban a demandar por plagio. Yo le dije que no se preocupará, que Kafka ya estaba muerto y que de saber lo que yo estaba haciendo, él de seguro hubiera dicho: Well, this is how a metamorphosis should be. Le dije a ese alguien que me dejara terminar el relato y que luego veríamos que pasaba. Así inicio este corto relato que describe como he logrado sobrevivir a la ausencia de personas que he amado con todas mis ganas de amar y de vivir. 

Desde niño, mi ser empezó a tener metamorfosis como una forma de llenar el espacio vacío que dejaban las personas de mi amor durante sus ausencias. De niño fui una persona que gustaba de la soledad y de meditar, era mi naturaleza; aunque también disfrutaba en grande compartir con otros niños y niñas, y si eran mayores que yo, mejor aun. Sin querer, era común en mí que, luego de pasar buenos momentos con alguna persona, me viera envuelto en un tiempo de soledad, tiempo que dedicaba a extrañar y pensar. Como una forma de acompañar mi soledad y de espantar la melancolía, recurría a recordar todos los buenos momentos con los amigos, hasta que descubrí que me iba mejor si trataba de convertirme un poco en ellos, de llevar dentro de mí una parte de la forma de ser de esa persona amada. 

Así fue como una vez me convertí en una señora de setenta años, me dio por aprender a bordar y tomar café con galletitas y mantequilla; luego fui un hippie, guitarra en mano y con el pelo largo y desgreñado y la barba ocultando mi rostro; otra vez era guerrillero en un país de paz; otra vez era un vendedor de artesanías en la playa; en otra era estudiante universitario encargado del desarrollo sostenible; luego fui investigador en mitigación al cambio climático; luego me hice viajero trotamundo, fotógrafo y escritor de cuentos que nadie leía. También me daba por cambiar los acentos, bien podría ser de la capital o de la costa pacífica o de la atlántica de Costa Rica; otra vez era colombiano, brasileño, nicaragüense, italiano, español, peruano, chileno, estadounidense, argentino, etc., etc. En fin…

He tenido muchas metamorfosis, y si bien es divertido el juego y ha sido ideal para llenar la soledad, recordar a los seres queridos y ponerle emoción a la vida, al final, el cambio también suele ser doloroso. Sobre todo en un mundo en donde puedes dedicarte a lo que te dé la gana, pero si lo que haces no genera dinero, entonces estas cagado. En fin, así como ustedes me ven ahora, es el resultado de múltiples metamorfosis. Si bien no me he convertido en oruga (tampoco tampoco, como diría el Toño), si me he convertido en un bicho raro que ya se esta cansando de estas cuatro paredes y de este barrio urbano. Sí, yo sé que no hay que ser mal agradecido, este sitio es tuanis y confortable, pero para mí la vida sin golpes, garrotazos, cerveza, risas y sorpresas, se vuelve medio aburrida, sobre todo sin plata en la bolsa. Así que me cerraré los ojos y dejaré que otra metamorfosis me convierta en alguien nuevo, ¿qué podré ser ahora? Ya, ¡sé! ahora quiero convertirme en un niño de diez años, que feliz descubre tesoros perdidos en la arena y los regresa al mar, de donde venimos todos.

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Relatos de un viaje…Parte VI. Final

Publicado en Bitacora de viaje el febrero 5, 2008 por mariochcr

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Al día siguiente, la comunidad seguía la vida cotidiana tan normal como si nada grave hubiese pasado la noche anterior. Para nosotros, eran muchas historias vividas en corto tiempo. Sin embargo, todo se acaba y a nosotros nos tocaba la hora de regresar a Puerto Maldonado. En resumen, habíamos pasado muchas aventuras tanto del bien como del mal, y en nuestra cabeza cavilaban una serie de conclusiones imposibles de revelar con los medios actuales de comunicación. Durante nuestra estadía en Boca Pariamanu, logré entender que el concepto de desarrollo estaba bien esbozado, pero en la práctica se estaba traduciendo en llenar la felicidad con bienes y servicios de invención humana (consumismo como le llaman algunos), que lo único que pareciera lograr es el enriquecimiento de unos pocos seres invisibles y que además, estaba deteriorando el planeta a una velocidad que pareciera que un caos global se avecinara a pasos apresurados. En estos tiempos terrenales, la felicidad, esa palabra tan difícil de definir, pareciera alcanzarse tan solo con encender un aparato televisivo y acomodar nuestra vida a lo que este aparato designe. Mientras que la felicidad, en tiempos universales, pareciera ser la responsabilidad de llevar la evolución dentro de nuestros corazones. Meditaba sobre estas cosas, cuando un beso sorpresivo de Mary, me regresó a la realidad indicándome que era la hora de partir. Un grupo de niños posaron para tomarse una foto con Ilari y Mary y desde la orilla, nos dijeron adiós mientras nuestro bote se alejaba lentamente de la aldea. 

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El regreso sería más rápido pues íbamos a favor de la corriente, el día se presentaba sereno y el cielo era claro y azul, en donde las nubes de todos los días seguían jugando a armas figuras de seres planetarios. No llovía hacía buen tiempo, así que el agua era cristalina. De cuando en cuando veíamos otros botes cargando familias y productos para vender en el mercado o alguno que otro campamento de mineros succionando oro en las riveras del río. Entre cantos populares y bromas cotidianas, sentíamos tocar la felicidad de tiempos universales, tan corta de edad, tan eterna a su vez. El bote avanzaba y avanzaba y conforme se acercaba al puerto, mi cuerpo volvía a sentir los escalofríos inconfundibles de mi tortura intermitente. La fiebre regresaba otra vez y ya todos pensaban que era malaria.  

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Epilogo Ahora que escribo este relato, muchos meses después y en el mismo cuarto a donde vengo a parar cada vez que un cambio abrupto en mi vida se avecina, siento una ganas terribles de volver a adentrarme dentro de la selva amazónica, y sentir eso que mucha gente llama la magia o la mística de la vida. Esa mística que esta en todas partes, pero que las preocupaciones no nos dejan percibir. Quisiera volver y caminar por la orilla del río de la vida, abrazado a mi amigo el Toño. 

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Relatos de un viaje…Parte V.

Publicado en Bitacora de viaje el enero 27, 2008 por mariochcr

Nos preocupamos bastante debido al grito y José se adelanto a nosotros para salir corriendo hacia la orilla del río. Nos fuimos detrás de él y al llegar a la orilla, no logramos divisar a nadie. José gritó en son de esperar respuesta, pero está no llegó. Nuestro amigo nos aseguró que algo malo había pasado, así que decidió que era mejor regresar a la aldea. El Toño, al vernos con cara de temor, nos trato de tranquilizar cantando una canción que ya le habíamos oído cantar días atrás junto a su ángel de la guarda, el Chato Nelson, era el Blues de la Tangana. La Illari le hizo coro y luego nos unimos los demás. Con eso espantamos el susto y llegamos a la aldea esperando escuchar alguna noticia desagradable, pero nos llevamos otra sorpresa: nadie había escuchado el grito ni tampoco había llegado noticia extraña alguna. José, el Toño y yo nos fuimos a buscar al chamán del pueblo. Lo encontramos sentado en el corredor delantero de su choza y antes de que le preguntáramos algo, el se nos adelantó diciendo que un ente maligno estaba rondando y se había aliado con la muerte, dijo que había que estar alertas, que por ahora el peligro estaba lejos, pero que podría regresar.

 

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La tarde avanzó despacio y poco a poco las nubes iniciaron su juego vespertino de cambiarse de colores para darle la bienvenida a la noche. El sol por su parte, culpable de de tantas coloraciones, se dejaba caer perezosamente al otro lado del río. Las aves volaban de un lado a otro buscando sus respectivos nidos y la gente de la comunidad se aprestaba a cenar. Durante nuestra cena, que compartíamos con la comadrona de la casa y su familia, a Omar y a Adrián se les ocurrió la idea de salir en el bote río arriba para ver los animales que salían a tomar agua y cazar presas. A Toño y a la Cecilia les sonó buena la idea y nos invitaron a Mary y a mí a venir con ellos. Debo admitir que en esto punto del viaje, ya mis energías no daban para soportar aventuras sobre espíritus malignos, y el suceso del grito espeluznante de la tarde me hacía dudar de salir a explorar el río por la noche. En fin, nos fuimos para allá y para mi tranquilidad, José decidió acompañarnos, lo mismo que su rifle de cacería. Nos fuimos río arriba poco más de una hora, Omar dio vuelta al motor para dejarlo a favor la corriente y apago el motor. El bote navega solo en la oscuridad. Muy cerca de la orilla y con unas linternas que daban una luz bastante escasa, nos dedicamos a buscar animales. Lo que más había eran caimanes, los alumbrábamos a los ojos y estos se quedaban inmóviles encandilados por la luz. Al rato tuvimos la suerte de ver un capibara, que regreso al bosque en cuanto nos vio y así paso el tiempo hasta que estuvimos cerca de la pueblo y Omar encendió el motor.

 

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Al llegar al puerto, vimos a un grupo de unos diez hombres zarpar en otro bote y pensamos que salían de cacería, los seguimos por unos diez minutos, hasta que el bote se detuvo enfrente de una choza iluminada por una luz bastante parca. Nos acercamos al bote y los hombres se sorprendieron de vernos ahí y nosotros nos sorprendimos de verlos a ellos con sus chuchillos en la mano. Preguntamos que pasaba y el misterio del grito se resolvió: en la choza habitaba el culpable de la muerte por decapitación de tres personas que vivía solas a orillas del río. Las tres personas muertas no eran de la comunidad, pero si eran colonos con quienes mantenían muy buenas relaciones. La comunidad de boca Pariamanú, al enterarse de la noticia, tomó la decisión de ir a hacer justicia y alejar el mal dándole su propia muerte. Los hombres llamaron a la choza, pero nadie salió. Derribaron la puerta fácilmente y entraron, pero no había nadie. Yo quise entrar a la choza para conocer como habitaba una persona como esas y lo que vi fue una escena bastante extraña. La choza era toda de hojas de palma y poseía solo una habitación en donde se hallaba una pequeña mesa, un par de sillas y el fogón aun encendido en donde se calentaba una olla con agua caliente y dentro de la olla, varias hojas de hierbas que se cocían lentamente. Animales disecados colgaban desde el techo sujetadas por cuerdas. De los horcones del techo colgaba una hamaca y sobre la hamaca había una especie de red de pescar que parecía ser en donde el individuo guardaba sus secretos. Los hombres de la comunidad, liderados por el chamán, descolgaron la red de pescar e inmediatamente cayeron al suelo varias fotografías de personas, hierbas y hojas sueltas de periódicos viejos y otras más que trataban del tema de la hechicería. Y lo peor, dentro de otra bolsa encontraron una mano humana. Esa fue suficiente prueba para culpar al sospechoso. Se llamaba Tornemesi y era conocido en los alrededores por ser un hombre solitario que gustaba deambular desnudo dentro la selva. Los hombres de la comunidad nos ordenaron regresar a Boca Pariamanu ya que ellos se quedarían a esperar a Tornemesi. Bajamos al río, abordamos el bote y escuchamos en el cielo el sonido de un ave grande y oscura que volaba alrededor nuestro. El ave daba vueltas y emitía un canto agudo sin cesar. Dio una vuelta más sobre nosotros y se posó en el techo de la choza del asesino. Encendimos el motor y salimos de allí lo más rápido que pudo la máquina.

 

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Al día siguiente, nos enteramos de algo que, aunque sanguinario si, yo me hubiese atrevido a ver por el mágico desenlace. Dicen que lograron derribar el ave de una pedrada certera y que al caer al suelo, su cuerpo se fue transformando en el cuerpo de Tornamesi. Le dieron muerte con los cuchillos y quemaron sus restos con toda y su choza.

Relatos de un viaje…Parte IV.

Publicado en Bitacora de viaje el enero 16, 2008 por mariochcr

A la mañana siguiente, la vida cotidiana de la aldea seguía siendo tan normal y armoniosa como siempre. Muchos de los hombres se habían marchado a trabajar en sus castañales y las mujeres se dedicaban a labores del hogar y la educación de los hijos. Luego de un suculento desayuno, José, uno de lo líderes de Boca Pariamanu, nos invitó a visitar su castañal. Ingresamos al bosque por un sendero que culebreaba por entre la espesa vegetación y en cual jugaban un par de niños en bicicleta. Más adelante, el sendero se unía a una serie de senderos que viraban en todas direcciones, cruzándose unos con los otros y formando una especie de laberinto. Un castañal consistía en un sendero que a su vez abría paso a múltiples cortos senderos que llevaban hasta la base de algún árbol de castaña. La idea de esta intrincada red, era facilitar la recolecta de la fruta caída. El árbol de castaña, es uno de los árboles más altos de la amazonía, el cual, una vez al año fructifica en unas esferas naturales de color café, en cuyo interior se pueden encontrar unas diez semillas en forma de nuez. La castaña brinda aceite para cocinar y secada al sol, es una fuente de proteína importante. La castaña, también conocida como la nuez del brasil, se extiende por toda la selva amazónica. Todos caminábamos en fila india, mientras José nos iba explicando la fenología de los arboles y nos contaba en detalle sobre el proceso de secado y comercialización. Nos contaba en tono satírico, lo chistoso que le parecía a él, tener que recolectar, secar, limpiar y empacar castaña, todo para recibir una paga mínima. Le daba risa pensar que alguien en Europa se atragantará comiendo nueces brasileñas del Perú, en medio de la borrachera del whiskey. Así es la vida, decía José, les gusta que les vendamos baratas las nueces, pero nos venden caro el whiskey.

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Al rato de caminar, escuchamos a Illari, la hija de Cecilia, que se moría de la risa mientras miraba hacia el suelo, justo detrás de un gran árbol de castaña. Fuimos a ver cual era la causa de tanta risa y observamos a un oso perezoso de tres dedos intentando asirse de una liana que le quedaba un poco alta. Reprendimos a Illarí por burlarse del asustadizo animal, a lo cual ella se defendió diciendo que no se reía de eso, si no de los cuentos que le estaba contando el oso perezoso. De la duda nos sacó José, diciendo que no nos preocupáramos, que era de buena suerte ver un oso perezoso en el suelo, pues casi nunca lo hacen, además, era un buen augurio que se hubiera comunicado con la Illari. Solo les hablan a los niños, los adultos ya perdimos ese tipo de percepción, dijo José ayudando al animal a sujetarse de la liana. Lo vimos subir lo más rápido que su metabolismo permitía y nos sentamos admirar el bosque. 

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El Toño, que esa mañana había mostrado síntomas de un fuerte dolor cabeza, dijo que su mejor medicina ante las enfermedades era entrar al monte. Se quedó largo rato de pie y mirando hacia el dosel del bosque. Miren, decía emocionado y hablando en tono de maestro sabio, Cuanta diversidad de cosas en estos bosques, yo no se que creer en cuanto a dios o a dioses, pero acá dentro, me da por creer que de verdad hay un flaco haya arriba poniendo orden a ciertas cosas y dejando la rienda suelta a otras. No sé cómo explicarlo, solo sé que se siente. Se siente que hay algo entre nosotros o dentro nosotros que nos hace sentir conectados con todo. La Illarí y el oso perezoso, son un ejemplo de lo que les trato de explicar. Depende cómo se mire, un hecho como estos será cuento para algunos o un hecho real para otros, lo que cuenta al final, es que hasta lo cuentos resultan ser verdaderos la mayoría de las veces. Toño parecía disponerse a seguir con su discurso, pero un grito espeluznante que venía de la orilla del río, nos hizo sentir sentir escalofríos.

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Relatos de un viaje…Parte III.

Publicado en Bitacora de viaje el enero 8, 2008 por mariochcr

Dentro de la choza en donde se llevaba a cabo la sesión del chamán, habían varias personas más. Todas estaban sentadas y recostadas contra la pared. A mi me sentaron en medio de la habitación y el chamán inicio lo que parecía ser algún tipo de cántico mientras golpeaba mi espalda con un ramo de hierbas aromáticas. Al poco rato empezó a fumar una mezcla de tabaco con hierbas y exhalaba un humo denso y pestilente que lanzaba hacia mi cara y mi cabeza. Empecé a sentirme mareado y con ganas de vomitar. El dolor de cabeza se acentuaba y me sentía desmayar. Realmente quería que parara de fumar. Supongo que llevaríamos en esto unos quince minutos, cuando el chamán pronunció varias frases, aparentemente conectadas entre sí, pero que parecían un acertijo, dijo: Por eso el mundo está como está, todo es dinero. En el cielo estrellado, siempre hay dos estrellas que te miran. En la copa del árbol de castaña más alto, tu amigo pide ayuda a los dioses. Hay un ave de luz que vive a tu lado ahora. Lo que buscas esta por encima del entendimiento humano, pero ahí esta, justo al lado tuyo. Cuando estés perdido, vete donde tu ya sabes, toma un bote, navega lejos y mira los atardeceres espirituales del océano pacífico. Creo que me encontraba en algún tipo de trance cuando sentí su humano sobre mi frente y me dijo que ya todo estaba bien. Abrí los ojos y percaté que mi cuerpo se sentía muy bien.

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 Afuera las luces del cosmos seguían detrás de las copas de los árboles y soplaba una brisa suave que refrescaba la noche. Me ordenaron que me fuera a sentar en medio del círculo donde minutos antes vi a Mary llorar y en donde estaban todos mis amigos de viaje. Me senté donde me dijeron y empecé a llorar de forma desconsoladora. Mi espíritu se sentía liviano y creí entender el orden de las cosas. Era la plenitud de estar entendiendo las leyes de la naturaleza y feliz de tener la certeza de que, fuese como fuese, mi hora de morir ya estaba definida dentro del efemérides universal. El resto de la noche fue una fiesta. Las comadronas trajeron carne ahumada, yuca y frutas; los hombres fueron por masato y alguien hizo aparecer una vieja guitarra. Cantamos un rato canciones de amor y de historias de la selva, mientras otros conversaban entre si temas cotidianos. A eso de las once de la noche, ya muchas personas de la comunidad se habían marchado a dormir y solo quedábamos unos cuantos. Mary me comentó que se sentía feliz y que algo había cambiando dentro de ella. Le pregunté que si sentía que entendía un poco mejor el motivo de la vida y ella simplemente me besó y dijo que se iba a la cama, que me esperaba allá. El Toño, que nos miraba desde una distancia prudente, se acercó a mí. Me dio un empujón en son de broma y me invitó a caminar un rato por la rivera del río.

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Caminé con mi amigo del alma un rato y luego no sentamos abrazados a mirar el reflejo de las estrellas sobre el río en silencio. El Toño me dijo que se sentía feliz por que fuimos a visitarlo al lugar en donde mejor se sentía y en donde él creía profundamente que, la vida seguiría su curso a pesar de las estupideces de la maravillosa y la ves, tan inocente especie humana. Yo le conté mi experiencia con el chamán y él me dijo que llevará esas enseñanzas para siempre. Me puse filosófico y le conté la historia de La Hoja de Aire, ese cuento costarricense que dice que nuestra vida es como la hoja de aire, se nos va gastando poquito a poco, tan llena al principio de momentos, se van pasando, se los lleva el viento.

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Relatos de un viaje…Parte II.

Publicado en Bitacora de viaje el diciembre 23, 2007 por mariochcr

Arribamos a la comunidad Nativa de Boca Pariamanu a media mañana. La comunidad se encontraba asentada justo en la desembocadura del río del mismo nombre, que drenaba sus aguas sobre las corrientes del río Las Piedras. Nos espera una comitiva de líderes locales dedicados a la recolecta y secado de castaña con fines comerciales. El Toño nos presentó con los castañeros y éstos, luego de afectuosos saludos, nos invitaron como parte de la bienvenida, a tomar una bebida de yuca fermentada que ellos daban en llamar masato. Todos tomamos un vaso de masato y algunos hasta repitieron. Luego de que Toño y Omar realizaran la verificación técnica de los secadores de castaña, nos aprestamos a abandonar la comunidad pero una matrona nos detuvo invitándonos a pasar una noche en el pueblo. La idea nos sonó interesante, pues se facilitarían las cosas para cocinar y sería una buena oportunidad para Mary y para mí, para conocer un poco más de la cultura de la vida en el amazonas.

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Dispusimos de nuevo las cosas de nuestro campamento, esta vez en el corredor de la casa de la matrona. Eran las dos de la tarde y la Illari y su madre Cecilia decidieron irse a bañar al río con algunos de los niños de la comunidad. Mary los siguió y yo me quedé conversando con Toño, Omar, Adrían y algunos líderes de la comunidad. Sin embargo, mi participación fue escasa pues mi cuerpo empezó a sentirse mal de nuevo. Los síntomas del día anterior se repetían. Me tendí en el suelo del corredor de la casa y me dormí poco más de una hora.

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Cuando desperté, eran casi las cinco de la tarde, mi cuerpo estaba totalmente empapado en sudor y me dolía la cabeza al punto que la sentía explotar. Pregunté a la Illarí por Mary y ésta me dijo que se encontraba en una sesión de curación con el chamán del pueblo. Me quedé pasmado al escuchar eso de que estaba en sesión. Pregunté a que se debía y me dijeron que un espíritu del río la había hecho caer en transe, provocándole un vomito acuoso y lechoso, hasta que quedó desmayada en el sitio donde todos se bañaban en tranquilidad. A pesar de que yo cargaba con mis propios pesares, me fui a la choza donde se realizaba la sesión chamánica. No me dejaron entrar argumentando que yo también esta poseído por un espíritu, sólo que el mío mucho menos agresivo que el que poseía a Mary. Ayudado por otros miembros de la comunidad, regresé a mi carpa más que preocupado asustado y con la fiebre que no me dejaba mantenerme en pie.

Creo que logré dormirme unos treinta minutos más en medio de los sobresaltos de mi cuerpo poseído por la fiebre. Al despertar, salí de la carpa y miré que debajo de la copa de un árbol, cerca del río, estaban todos mis compañeros de viaje y otros miembros de la comunidad, todos sentados y juntando hombro con hombro hasta formar un círculo. En medio del círculo había una hoguera y también estaba Mary, sentada frente al fuego y llorando. Salí a preguntar como seguía Mary y todos me respondieron al unísono: ella está bien, ya todo ha pasado, ella ahora conoce mejor los secretos de la selva, ahora te toca a ti, es tu turno de soltartee de algunas de tus ataduras. Me tomaron del brazo y me guiaron hasta la choza del chamán. Afuera, la tarde se desvanecía lentamente y daba pasó a la noche que se cargaba de sonidos nocturnos y sensaciones oscuras; mientras, en el firmamento azulado, se incrustaban una a una, las estrellas del universo.

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Relatos de un viaje…Parte I.

Publicado en Bitacora de viaje el diciembre 12, 2007 por mariochcr

Lo que se suponía sería un viaje de turismo por el río el río Las Piedras y el río Pariamanu, se convertiría en un viaje lleno de hechos insólitos dignos de contar en cuentos de aventuras mágicas y misteriosas. Habíamos zarpado de Puerto Arturo, una tarde serena y azul, en un bote con motor estilo peque-peque, con carpas y provisiones para acampar a orillas del río por unas tres noches. Viajábamos siete personas: la familia de tres, compuesta por la Illarí, la Cecilia y el Toño, Omar el motorista, Adrián su asistente y Mary y yo. Avanzamos río arriba por entre la espesura de la selva amazónica y bajo un cielo azul por donde transitaban lenta y pausadamente, redondas acumulaciones de nubes blancas. Todo transcurría con normalidad. La época de lluvias ya había pasado y el nivel del río había bajado a razón tal, que era posible observar grandes playas de arena blanca en donde descansaban enormes caimanes negros. Mientras avanzábamos, iba recordando algunas de las empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero, y me sentía como si yo fuera él, avanzando en una aventura llena de emociones, pero siempre con el presentimiento de que algo inesperado sucedería en cualquier momento.

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A eso de las dos de la tarde, cuando aun faltaban dos horas más de travesía por el río antes de llegar a la boca del Río Pariamanu, lugar donde acamparíamos, mi cuerpo empezó a sentirse mal. Aunque hacía un calor infernal, yo sentía frío y unos escalofríos pavorosos bajaban como agua fría desde mi cuello y recorrían toda mi espalda. Mi cuerpo no hacía más que sacudirse y temblar. Tuve que recostarme a dormir en el bote. Pasadas las cuatro de la tarde llegamos a nuestro destino. Yo me sentía muy débil y mareado. En cuestión de pocos minutos, instalamos cuatro carpas, encendimos una fogata y, mientras algunos preparaban la cena y otros se bañaban en el río, yo me iba a dormir a una de las carpas. La fiebre me hacía delirar y aun estando en plena selva amazónica, a miles de kilómetros de distancia del mar, yo soñaba con éste. Me desperté a eso de las seis de la tarde y aun pude ver las últimas nubes anaranjadas del atardecer. Logré comer un poco y seguido, el Toño me ofreció a beber un trago de ron con un brebaje extraño, que según él, me haría eliminar la fiebre rápidamente. Tomé la pócima y me fui a dormitar a la carpa de nuevo. La noche era fresca y solo se escuchaba el sonido arrullador del río y de cuando en cuando, el canto de algún ave nocturna. Logré dormir a ratos, pero los escalofríos, el sudor y las alucinaciones de la fiebre me despertaban a cada rato. Finalmente, a eso de las cuatro de la madrugada, la fiebre se detuvo, dejé de sudar y mi cuerpo volvió a la normalidad.

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Al día siguiente, me sentía libre de todo mal y me fui a bañar al río. Todo marchaba bien y el agua era fresca y reconfortante. Sin embargo, minutos más tarde, vimos como Adrián, el asistente de motorista, que nadaba un poco lejos de nosotros, desaparecía bajo el agua. Fue tan extraña la situación, que no logramos reaccionar por unos segundos, hasta que la cabeza de Adrián salió a flote pidiendo que lo rescatáramos. Lo hicimos con mucha facilidad y notamos que la profundidad del río no era para ahogarse. Le preguntamos a Adrián sobre lo ocurrido y nos dijo que no sabía como explicar lo sucedido, simplemente sintió una fuerza que lo hacía irse al fondo. Pensamos que sería algún caimán, pero no encontramos señas de este y Adrián tampoco presentaba heridas. En fin, sentimos que no pasó nada y seguimos disfrutando del río. No obstante, otra vez estuvimos a punto de tener un ahogado y en esta ocasión le tocaría a Omar, el motorista. Lo vimos nadando cerca de nosotros y de pronto la corriente empezó a llevarlo río abajo. Le gritamos que no se alejará, pero nos respondió que no era él, que era el río. Traigan el bote dijo y se hundió en el agua. Saltamos al bote y fuimos en su búsqueda, esta vez, esperando lo peor, sin embargo, el asunto no pasó a más y vimos a Omar aferrado a un tronco encallado y respirando agitadamente. El susto había pasado. Finalmente tomamos un baño de barro, un desayuno de pan y huevos revueltos, recogimos el campamento y nos fuimos a visitar a la comunidad nativa de Boca Pariamanu…continuará.

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Pequeña anécdota en el Palacio de los Roig (ajuste de una cuenta pendiente)

Publicado en Bitacora de viaje, Notas a la familia el noviembre 19, 2007 por mariochcr

Basta, no más carne, al menos por unas semanas. Fueron esas las palabras que Mary pronunció el último día que pasamos en la ciudad de Sucre. No, no!, reproché yo, Aun no hemos iniciado el viaje por la Argentina y el Caballero Roig y la Dama que Teje, nos esperan justo para eso, para comer asados, ya sabes, asados argentinos, tomar vino, vinos argentinos, el buen comer peh!. No, insistió ella, me siento mal de tanta carne. Bueno le dije yo, es tu decisión, allá veremos.

Una semana más tarde, nos encontrábamos tejiendo gorros y bufandas en el Palacio de los Roig, en la ciudad de Corrientes, en el norte de Argentina. Ese año, el invierno había sido cruel, castigando toda la cintura pacífica de Suramérica con heladas más frías que lo normal, así que nada mejor que quedarse tejiendo. Ese día, Mary y yo habíamos llegado muy temprano por la mañana y el Caballero Roig se había ido a trabajar a sus pasturas, con sus asesores JTG y Peter Black, por lo que en el Palacio solo estábamos Mary, la Dama que Teje, el Mago de las Computadoras y yo. Todos sin ganas de salir a caminar afuera de tanto frío, lo mejor era tejer y ver el fútbol por la televisión.

A eso de las siete de la noche, llegó el Caballero Roig, al cual recibimos con abrazos, pero sin apretón de manos, pues las suyas estaban ocupadas con paquetes repletos de carne, pan y vino. Diez minutos más tarde, el Caballero se encontraba encendiendo el horno y preparando el asado; una poca de sal, por ahí un poco de vino, miel y otros trucos de cocina imposible de revelar. Dos horas después, estábamos sentados a la mesa, enfrente de un banquete real. Los ojos de Mary eran enormes y tenía la boca abierta como un lobo ante su presa. Fue en ese momento que le recordé a ella, ¿recuerdas que dijiste que nada de carne? A lo cual ella contestó, Bueno, sí, pero, acá en el Palacio de los Roig y ante estos manjares, creo que indudablemente, volveré a ser carnívora, al menos mientras estemos acá. Era el triunfo del Caballero Roig, siempre logrando alanzar sus metas con la diplomacia, el trabajo, la buena comida y sobre todo, la amistad.

Salimos de ahí muy contentos una mañana cualquiera de agosto, rumbo a Buenos Aires, vistiendo gorros y bufandas elaboradas al calor de los Roig y con las esperanzas de volver pronto al Palacio.

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Nos atrapó el bosque (historia de duentes)

Publicado en Notas a los amigos el octubre 30, 2007 por mariochcr

screenhunter_012.gifCuando finalmente logramos divisar una casa con ventanas de luz, nos sentimos felices, habíamos pasado varias horas perdidos en las selvas tropicales de la Península de Osa y realmente no queríamos pasar la noche de aguaceros en la montaña. Estuvimos trabajando durante una semana, realizando inventarios arbóreos para determinar carbono en estos espectaculares bosques, y justo se nos pierde el camino de salida en el último día de trabajo. Si bien nunca estuvimos asustados, si nos dio flojera tener que pasar la noche sin agua, compartir nuestra sangre con miles de mosquitos y sobre todo, bajo la lluvia de Octubre con el peligro de que alguno de los árboles centenarios y colosales cayera encima de nosotros.

En fin, algunos le pedían ayuda a su dios y otros por ahí invocaban santos y ángeles de la guarda. Yo, que de rezos no entiendo mucho, solo se me ocurría usar poderes sobrenaturales para que el cielo se despejará un poco y pudiéramos poder usar nuestros aparatos y hacer contacto satelital para conocer nuestras coordenadas, pero eso no sucedió. Entonces, empezaron a suceder muchas cosas extrañas. Nuestros relojes dejaron de funcionar, se escuchaba el movimiento de animales corriendo cerca de nosotros y escuchábamos que voces lejanas pronunciaban nuestro nombre, pero nada, nunca nadie llegó por nosotros y nunca logramos ver a nadie. Finalmente, luego de tanto caminar, y ya a oscuras, encontramos un camino por pura casualidad, el camino de barro que nos llevaría a la casa de las ventanas de luz.

Todos estábamos felices y ya nos imaginábamos una cena caliente y un buen café. Yo no podía caminar muy rápido debido a una torcedura del tobillo derecho, así que mis tres compañeros de viaje se fueron a buscar el auto y yo me quedé esperando cerca de la casa de ventanas de luz. Me dio curiosidad por asomarme a la casa y fui a ver si alguien podía darme agua, pero lo que recibí en vez de agua fue la sorpresa de mi vida. Luego de unos golpes suaves a la puerta, ésta crujió y pude ver a una figura diminuta abrirla, invitarme a pasar y ofrecerme una empanada chilena con vino chileno. Me dijo, soy un duende, te vengo siguiendo desde el Valle de Copiapo, para decirte que Alejandra y Nicolás te envían saludos y que te manda a decir que todo va a estar bien.

Es tarde de enero en Osa

Publicado en Bitacora de viaje el octubre 30, 2007 por mariochcr

 

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Es tarde de enero en Osa, las cigarras anuncian el fin del día y la gente espera. Hace calor. Estoy sudando y mi cuerpo despide ese olor característico a lo añejo. Lentamente, sin prisa ni preocupaciones, el día se acaba, el sol hace el último intento de seguir de este lado del planeta, pero la rotación le dice no.

La quietud es total y la claridad se va diluyendo en un frasco negro. En la lejanía el bosque y su rica biodiversidad. Lo estamos acabando y la gente del lugar no lo espera. Lástima de lugar. Me pone triste saber que los ojos míos de quién aún no nace, quizás no pueda verlo.

El reflejo en el golfo me devuelve la mirada, el espacio y el tiempo. Lanzó la cuerda lejos y esperó. El agua no se mueve y puedo ver el mundo de otra forma. Algún pez juguetón jala la cuerda y muerde algo de carnada. Charías enciende otro cigarro y me mira burlón, disfruta el momento como yo. Ni el ni yo sabemos como atraer peces grandes ni detener la tala: los dos tenemos que comer y después lo que venga.

Va a llover, en Osa siempre llueve. Nos miramos sin decir palabra y decidimos seguir pese al aguacero que nos empapará. Me gusta que el agua me moje. Es como lavar lo malo que hay dentro de uno y volver a empezar con todo bien.

Un trueno a lo lejos y el sonido de un camión me hacen volver la vista hacia la carretera, lo miro, lleva tres grandes tucas, son dos nazarenos y un ceiba, van marcados con la señal de la extinción, la señal de la muerte…

29/4/2000

Los días son extraños en Osa

Publicado en Bitacora de viaje el octubre 30, 2007 por mariochcr

Con el rabillo de mi ojo veo el sol que me saluda.

En agosto los días son extraños en Osa. Hoy amaneció lloviendo, al medio día el sol era insoportable, a las dos de la tarde llovía tanto que había agua por todas partes y ahora, un sol majestuoso me pinta de verde-amarillo la flora del bosque y hace un contraste perfecto con el azul de un cielo despejado.

En agosto, los días son extraños en Osa, sí. Osa es como vida a estas alturas, por eso me gusta tanto. Según la época del año, así son los colores del día, pero lo interesante es que siempre hay una base: El Verde. Yo también cambio de carácter según la época del año.

La tarde se va despacito, nada se mueve ahora, no hay viento, un tucán pasa volando de un árbol a otro y saluda a su pareja. Yo mientras tanto, veo al sol con el rabillo de ojo que me dice adiós.

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Península de Osa, 17/9/200

Diez años más tarde (una noche en la Habana)

Publicado en Bitacora de viaje el octubre 19, 2007 por mariochcr

 

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Atravesamos la calle dando saltos de ballet frente al hotel Inglaterra y nos dirigimos a la esquina del Gran Teatro de La Habana, miramos el reloj de una de sus torres y vimos que las agujas apuntaban sobre las siete de la noche en punto. Habíamos tenido un día de mucha caminata y aun quedaban unos cincuenta minutos de luz solar. Nuestro amigo Cienfueguero llegaría en cualquier momento.

Los últimos brazos de sol abrazaban La Habana, y los edificios hermosos y viejos eran decorados por tonos pasteles que variaban entre rosas y amarillos. En la bahía, la actividad naviera transcurría sin novedad y en las calles, La Habana era La Habana. Mientras esperábamos, nos recostamos a las paredes antiguas del teatro en posición tal, que pudiéramos apreciar el capitolio, ahora convertido en museo y sala de conferencias. No era fácil la vida en la ciudad, era igual de difícil que en todas las ciudades del mundo, con la diferencia de que esta ciudad, estaba en una isla, en una isla que le decía que no a algunas órdenes del mundo, por el puro deseo de vivir en una tierra diferente y solidaria, tenía sus errores y sus horrores, sí, pero era una isla-país, digna de todo el respeto del mundo. En todo caso ¿cuál sistema es perfecto en este planeta?

Pocos minutos después de la hora acordada, miramos a nuestro amigo Cienfueguero caminado apresurado y con la mano en alto en son de saludo, ahí venía, caminando y quebrando paradigmas. Un abrazo el Cienfueguero repartió abrazos, abrazos de varios segundos que representaban diez años de no verse; diez años de período especial y de un Fidel, ya mayor. Una sonrisa, un par de frases burlescas y ya estábamos los cuatro caminando por las calles adoquinadas del centro histórico, siguiendo por la Calle Obispo rumbo a la rumba. Parecía como si nunca el tiempo hubiese pasado, como si diez años no fueran tanto tiempo, o mejor cantando, ya lo pasado, pasado. Caminamos un poco para allá y para acá, hasta que decidimos sentarnos a tomar una cerveza en un restaurante ubicado en una plaza de la calle San Ignacio. Nos sentamos los cuatro cerca de una flauta traversa que daba un La a la guitarra, al contrabajo y al tres cubano, mientras la percusión esperaba ansiosa; las maracas que estaban en el suelo fueron levantadas por la vos cantante y el son cubano arrancó sonoro. Con el entusiasmo de la música llegaron nuestras cervezas Bucanero, humedeciendo de agua, cereales y licor el paladar de nuestras bocas sedientas. A nuestro alrededor, cientos de turistas se paseaban por las calles y se mezclaban con la ciudad y su gente. Se lleno el cielo estrellado de recuerdos, compartidos, recuerdos que eran lo que realmente nos hacia amigos.

Con historias de uno e historias del otro, así se fue pasando la noche y la plaza se fue quedando sola. Caminamos de nuevo hacia la esquina del Gran Teatro de la Habana, en donde a eso de la media noche, el Cienfueguero se fue dando saltos en el aire y extendiendo los brazos hasta su casa; nosotros los tres ticos, tomábamos un taxi rumbo al barrio Miramar, en las afueras de la ciudad, se acaba así nuestra noche habanera.

Los diez soles de Ángel Gallardo

Publicado en Bitacora de viaje el octubre 10, 2007 por mariochcr

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La noche que recibimos de manos del chicano Ángel Gallardo un billete de diez soles, equivalente a tres dólares norteamericanos, nos encontrábamos degustando una cerveza en un bar del poblado de Durham, en Carolina del Norte. Miren, nos dijo Ángel, En el Perú con este dinero, pueden comer tres personas, se los obsequio, con la condición eso si, de que inviten a alguien que no conozcan. Mi compañera de viaje y yo aceptamos agradecidísimos, pues, era un buen presagio para el inicio de nuestro viaje por algunos países de Sur América.

Meses más tarde, nos encontrábamos recorriendo el Perú con el billete bien resguardado en una vieja billetera, el billete viajaba feliz en medio de tarjetas de crédito y documentos ficticios de viajero. Arribamos al aeropuerto internacional de Lima a finales de Mayo y pronto nos encontrábamos atravesando, por tierra, la Cordillera de los Andes rumbo a la ciudad de Cusco. Por todas partes esperábamos al desconocido con quien nos tocaría gastar nuestro billete de tres soles, pero nada que aparecía. Muchas veces pensamos que el desconocido sería algún indigente, algún indígena, una madre cansada o quizás, algún otro viajero sin dinero, igual que nosotros. En fin, ni en Lima ni en Cusco encontramos forma de hacerle honor a Ángel.

Luego de haber visto el Machu Picchu, tomamos un vuelo que nos llevaría a Puerto Maldonado, pueblo amazónico asentado en la rivera del río Madre de Dios. Allá nos fuimos a juntar con Antonio Arana, el Toño, gran amigo de largas historias nunca contadas y una de esas personas que nunca crecen. En Puerto Maldonado pronto nos rodearíamos de nuevos amigos y le miraríamos la cara a miles de desconocidos potenciales para ser invitados a comer con los diez soles de Ángel Gallardo. Esperábamos pasar allí seis semanas, de las cuales pensábamos pasar tiempo completo en múltiples viajes de aventuras con el Toño, hasta que el Toño se enfermo y tuvo que volar a Lima precipitadamente por culpa de los dolores de cabeza. Nos quedamos como hijo e hija huérfanos de padre, pero adoptados por la compañera del Toño, la Cecilia, la Illarí y el Chato Nelson. Con ellos seguimos las aventuras en medio de ríos, selvas y tribus indígenas y con el espíritu de la hayuasca asechando por todas partes.

 

Fueron tan buenos los momentos vividos y tanto el aprendizaje, que olvidamos nuestra tarea del billete de Ángel Gallardo. La última noche de nuestra estadía en Puerto Maldonado, fuimos invitados por la Ceci y la Illari a tomar helados en los Gustitos del Cura, frente a la plaza de armas del lugar. Allí pasamos un rato muy agradable mientras endulzábamos nuestra vida con helado, hasta que nos pusimos tristes por la salud del Toño y por que nos tocaba abandonar Puerto Maldonado y el Perú, para seguir nuestra ruta hacia Bolivia. Pedimos la cuenta y la cuenta llegó. Cuando la Ceci sacó dinero para pagar, se percató de que le faltaban diez soles. Con toda la vergüenza del mundo, nos pidió dinero, con la coincidencia de que nosotros no teníamos nada en efectivo, solamente, los famosos diez soles de Ángel Gallardo. Ni modo, tuvimos que aportarlos a la invitación de los helados.

Pero Ángel, no creas que no cumplimos la tarea del todo, pues según nos contó el Cura, las ganancias de los helados iban a parar a un albergue de niños y niñas sin hogar, todos ellos, totalmente desconocidos por nosotros.

 

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Dedicado a Ángel, allá en el norte. San José, 9.10.2007

Hablando de tratados, conceptos básicos

Publicado en Bitacora de viaje el octubre 4, 2007 por mariochcr

 

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Cambiamos libre comercio, por comercio justo.

Cambiemos oferentes y consumidores, por amigos.

Cambiemos crecimiento económico, por desarrollo económico.

Cambiemos competencia, por compartir.

Cambiamos marcos comérciales y legales, por ética y amor.

 

Borremos el mito de que el estado no es eficiente.

Borremos el mito de que las potencias son malas.

Borremos el mito de que los monopolios son malos.

Borremos el mito de que la democracia no funciona.

Borremos el mito de que desarrollo es tener más.

 

Iniciemos una nueva biblia, dejemos que la escriba Lennon o Gandhi.

Iniciemos una nueva forma de hacer democracia.

Iniciemos nuevos modelos de desarrollo.

Iniciemos el proceso de globalización, pero bajo la reglas del universo.

 

Es hora de quebrar los paradigmas, ese paradigma de los círculos históricos, ya el ser humano tiene bastante madurez, como para entender que los imperios deberían ser cosa del pasado.

El Sepelio del Rey

Publicado en Notas a la familia el octubre 4, 2007 por mariochcr

He venido al sepelio del Papá, al sepelio del gran Rey, fue todo lo que dijo aquel hombre de avanzada edad y sin nombre. Vengo desde lejos, muy lejos, he atravesado barreras espaciales y dimensiones temporales, solo para venir a despedir al Papá de Todos, al Papá de Todas. Nadie sabía quien era el Hombre Viejo y sin nombre, pero parecía que él sí sabía de todos. Cuando empezó a hablar de nuevo, todos se callaron y la naturaleza también guardo silencio. Lo recuerdo al Rey, recuerdo cuando abandonó el pueblo de cerros y cafetales, para venirse al mar a buscar nuevos emprendimientos, él quería vivir en un pueblo libre, que en aquellos tiempos, era lo que cualquier mortal desearía para crecer, procrearse, vivir y morir, era un lugar de paz y frente al mar. El Hombre Viejo guardo silencio un rato y volvió a ver a la Mamá de todos, a la Mamá de todas y dijo, Esta noche, miren como es una noche de alegría, tantos niños corriendo, tantos primos, primas, tíos, tías, mamás, papás y amigos, todo esto, así era el Rey, el Papá. Hoy somos lo que somos gracias a él. Cuando los niños se fueron a dormir y los mayores quedamos tomando café y recordando a Monchol, el Papá, el gran Rey, vimos como el Hombre Viejo se levantaba sereno, daba las buenas noches y se marchaba. Un astro de luz atravesó el cielo y dejo una línea luminosa dibujada en la madrugada.

 

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Sin historias que contar

Publicado en Bitacora de viaje el septiembre 25, 2007 por mariochcr

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El Valle del Huasco

Publicado en Bitacora de viaje el septiembre 25, 2007 por mariochcr

Un cúmulo de células diminutas logró formar tejido meristemático sobre el tejido leñoso y, ayudado por los rayos solares, se abrió paso entre la clara mañana. Verde de naturaleza, verde de milagro. Así hicieron otros miles de cúmulos celulares y así fueron asomando las hojas y los nuevos racimos de la temporada. Los gases atmosféricos, los minerales del suelo y la energía solar transitando dulcemente dentro de las plantas. Vida de naturaleza, la vida transportada por el agua. Pocas semanas más tarde, el universo mostrará las nuevas uvas, con un sabor ácido al inicio, que se tornará dulce al final. Uvas cargadas de agua fresca y saludable. Se juntan aquí millones de años de evolución, con la destreza del ser humano de cuidar la tierra y de hacer uso eficiente del agua. El Valle del Huasco, delgada franja de tierras agrícolas, donde la gente aprovecha los oasis que bajan silenciosos desde la cordillera de los andes. Se juntan aquí el espíritu del ser humano, la familia, los abrazos, la amistad y hasta la solidaridad. La veneración a ese extraño acontecimiento natural llamado la lluvia, cuando llueve es día de fiesta en el Valle del Huasco y los viñedos son templos de una nueva religión sin dioses. Pronto, las uvas serán empacadas y vendidas alrededor del mundo, el Valle del Huasco seguirá siendo tan mágico como siempre y las sabrosas uvas llenas de amor y agua serán disfrutadas en las mesas de gentes de otras culturas.

Una noche de carpas, asado, humo, conversa, cerveza y vino, eran la forma ideal de pasar con grandes amigos. La luna nos bañaba y el mundo se hacía un grabado en las paredes de la casa de mi memoria.

A Nico y Ale.

Historias de Puertos

Publicado en Bitacora de viaje el septiembre 25, 2007 por mariochcr

 

Viajaba en un taxi colectivo rumbo a la parada de autobuses que me llevaría esa tarde hacia el puerto de Valparaíso. Mientras transitábamos la carretera cerca de la costa logré ver un grupo de aletas dando círculos alrededor de los botes en la bahía de Coquimbo, Son los delfines, me dijo el taxista, Usted tiene suerte de verlos poh hueon! Pida un deseo que se le cumplirá. Yo que de religioso no tengo nada, pero si mucho de supersticioso, pedí el deseo y me fui feliz rumbo al puerto de los poemas de Neruda. Al día siguiente caminé y caminé solo por entre el laberinto que forman las delgadas calles y las hermosas casas aventuradas en los cerros. Caminé y caminé recordado algunos momentos en los últimos seis meses de viaje, recordando a mi compañera que ahora estaría disfrutando de la primavera en el norte americano, mientras yo me moría del frío en el invierno del sur. Caminé y caminé y subí y baje, hasta llegar al Museo del Mar. La tarde bañaba el Puerto de Valparaíso y el olor a mar y vino me hacían sentírme pirata y marinero por segunda vez. Esa noche, comería empanadas chilenas, tomaría vino chileno, fumaría tabaco chileno y conversaría largo y tendido sobre las ciencias del mar con un amigo chileno. El día siguiente sería el inicio del fin del viaje y me vía crucis de regreso a tierras centroamericanas.

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